- El Dr. Aldeguer es un reconocido gastroenterólogo con amplia trayectoria clínica, investigadora y de gestión sanitaria
- En el envejecimiento saludable, el yogur es un gran aliado: aporta numerosos nutrientes con una fácil digestión
El estudio de la longevidad avanza a gran velocidad: tanto por la vía de la medicina, con grandes estudios y equipos, como por la vía de los hábitos. Cada vez más estudios buscan entender el papel que juegan estos últimos, y especialmente la alimentación, en cómo envejecemos.
Hablamos con el Dr. Xavier Aldeguer, médico e investigador, para profundizar en estas conexiones y en el papel que alimentos como el yogur pueden desempeñar dentro de un estilo de vida que no solo aspira a vivir más años, sino a vivirlos mejor.
El caso de María Branyas: “Había un patrón microbiano que sería más propio de alguien de unos 70 años”
Hace casi dos años nos dejaba María Branyas, que con 117 años llegó a ser la persona más longeva del mundo. Ella misma atribuía su longevidad a una vida ordenada, un entorno agradable y a comer yogur cada día. Un estudio del Josep Carreras Leukaemia Research Institute (IJC), en el que también ha participado el Doctor Aldeguer, propone que una de las causas de su longevidad podía ser el buen estado de su microbiota.
Branyas presentaba características destacables, señaladas en las conclusiones del estudio: “Había un patrón microbiano que sería más propio de alguien de unos 70 años, y una gran cantidad de bifidobacterias, que asociamos a perfiles más saludables”.
Este equilibrio podría estar relacionado con su estilo de vida y su alimentación sostenida en el tiempo. Las últimas dos décadas de su vida, en las que vivió en una residencia, Branyas consumió yogur a diario, junto con otros alimentos que también forman parte de la dieta mediterránea, lo que, según Aldeguer, se pretende comenzar a estudiar para analizar “si hay un patrón vinculado en este sentido en gente centenaria”.
“Es mucho tiempo tomando yogures. Para mí no es ajena a esa conexión: hemos analizado a la persona más mayor del mundo y resulta que era una alta consumidora de yogures. Para mí esto tiene que abrir la puerta a trabajar ese aspecto”, explica Aldeguer.
El yogur, un alimento de la dieta de mercado
Para el doctor, el yogur no es un alimento nuevo ni una moda: “Los fermentos lácteos han estado presentes en múltiples civilizaciones porque ofrecían una forma eficiente de transformar la leche en un alimento más digerible y nutritivo”.
En la vejez, su papel es especialmente interesante. “Estamos hablando de un alimento con proteínas, calcio y otros nutrientes esenciales, pero además con una digestibilidad muy alta, porque parte de sus componentes ya han sido «predigeridos» por los fermentos”, comenta.
A esto se suma su encaje natural en la dieta mediterránea -o lo que él denomina “cocina de mercado”-, basada en alimentos frescos, variados y de temporada. “El yogur entra en el concepto de una dieta mediterránea de toda la vida”, señala.
Aporte de nutrientes
Precisamente en el envejecimiento es donde el yogur adquiere un rol especial. Con el paso de los años, disminuye nuestra capacidad de metabolizar la lactosa y también se produce un deterioro de la microbiota intestinal. En este contexto, el yogur no solo ofrece un perfil nutricional completo y fácil de asimilar, sino que podría contribuir a mantener el equilibrio de esa microbiota: “Estamos probablemente ante uno de los grandes vehículos para compensar esa pérdida de diversidad microbiana”, afirma el investigador.
Aunque aún quedan aspectos por investigar, la evidencia actual apunta a que el yogur combina lo mejor de la tradición y la ciencia: un alimento accesible, nutritivo y bien tolerado que, integrado en una dieta equilibrada, puede desempeñar un papel muy relevante en la salud a lo largo de toda la vida, especialmente en edades avanzadas.
¿Qué papel juega la microbiota?
Uno de los conceptos centrales de la investigación es el papel de la microbiota como un órgano o, como explica Aldeguer, “un ecosistema” del cual puede depender nuestro bienestar general.
En este sentido, la diversidad microbiana es un indicador fundamental. “Una microbiota sana es como una jungla: cuanta más diversidad, mejor funciona el ecosistema”. Esa diversidad depende en gran medida de la alimentación, especialmente del consumo variado de vegetales y de alimentos fermentados.
El caso de María Branyas también mostró un perfil antiinflamatorio, vinculado a bacterias beneficiosas. Estas bacterias “producen compuestos que nutren nuestras células intestinales y ayudan a mantener un equilibrio frente a otras potencialmente dañinas”.
Además, la ciencia empieza a confirmar la conexión entre microbiota y otros sistemas del organismo, incluido el cerebro. “Existe un eje intestino-cerebro bidireccional que influye incluso en aspectos como el estado de ánimo”, apunta, abriendo la puerta a futuras investigaciones en salud mental.
Recomendaciones para una vejez saludable
Más allá de casos excepcionales, el Dr. Aldeguer insiste en que la clave está en el conjunto de hábitos. “No es solo vivir más, sino llegar con todas las facultades”, subraya. Por ello, entre sus principales recomendaciones destacan:
- Seguir una dieta mediterránea variada, rica en vegetales y con presencia de alimentos como el yogur.
- Mantener actividad física regular, adaptada a cada etapa de la vida.
- Estimular la mente con nuevos aprendizajes.
- Fomentar la interacción social, evitando la soledad no deseada.
“Mis recomendaciones en alimentación son mantenerse en una dieta mediterránea variada, típicamente asociada a fermentos lácteos, específicamente los yogures, que en este caso son los más digeribles”, resume.
Como muestra la evidencia científica y el propio caso de María Branyas, el valor del yogur no solo lo encontramos en sus nutrientes, sino en su papel dentro de una dieta variada y en su potencial contribución al equilibrio de la microbiota.